estuve casi una hora sentado en la plaza pedro de valdivia
un perro color barquillo se me acercó y lamió la mano
yo le hice cariño y se tendió a mi lado
minutos después lo despertó una sirena de incendios
calculé que se hubiera dormido
me levanté y me fui
Claudio Bertoni (El cansador intrabajable II)

Perros ovillados
Perros callejeros
con capa de polvo
se tumban a la sombra
de la calima
farmacias de guardia
en cada esquina
echan el cierre
al hocico intruso
ladran en la noche
los muertos
son fantasmas
que no tienen cura

Smog de Santiago
En el smog de Santiago me busco
los besos llegan a los quince minutos de la llamada
el metro es ágil como el deseo
paseo arriba y abajo la avenida
y veo edificios erigidos contra la belleza y los sismos
me dicen que está prohibido el suicidio en este país
que levantan los cadáveres de las vías en ciento ochenta segundos
los vagones no se detienen al encuentro
carabineros en cada esquina
huelen a perfume
y son solícitos a las preguntas
pero aún me dan miedo
la contaminación en los ojos
ciega a la cordillera
perdido en lo que pienso
doy pena
me aman las mujeres
se estanca el viento
y yo me difumino
en la neblina
de los adentros

Tormentas secas
Y si deja de llover en algún lugar que no estuve
se mantiene la sensación térmica de la piel abandonada
y si esa pareja que ahora hace el amor en el cuarto de al lado sin darse cuenta que los estoy observando se miraran a mis ojos
qué pasaría si en el punto más insensible de mi cuerpo despertara una oruga
por esos y otros caminos invisibles se desatan tormentas secas
está a punto de rebelarse el monstruo de antaño
se le ve ridículo con un paraguas abierto
no hace sol sólo nubes opacas
se caen a plomo
levantan polvareda
en esta ciudad
de cordillera y humanos

Altura de perro
Soy altura de perro
Enrique Falcón
Las avenidas me hacen bien
puedo elegir zapatos y quiebros
nadie observa al desnudo animal
que se detiene a su paso
aprovecho las horas del tumulto
para erguirme en sus rodillas
entretenidos como están en sus prisas
luego discretamente doblo alguna esquina
por si el humano se sintiera amenazado
pero ya digo soy invisible a mi altura
salvo para las damas cariñosas
que acarician mi pelaje callejero
ellas siempre tienden una mano
y me miran a los ojos esquivos
a veces siento ganas de seguirlas
doblarme a los pies de sus camas
y soñar una calle escaleras abajo
es la debilidad del quiltro durmiente
en portales de comercios al cierre
a la hora de los hombres alados
sobrevolando alcantarillas

Fragancias encontradas
Huele el mar a gaviotas corruptas
y leones marinos a la deriva
Huele la calle a diluvio multiplicador
paraguas astillados y labios
Huele entre los dos a brisa marina
a tierra mojada tras el balcón

La mujer imaginación
La mujer desplegó sus alas
se inventó un amante fiel
para subir y bajar en ascensor
se vistió de lencería cara
desafió a las piernas
de los cafés con
dibujó un banco transversal
para acariciar en paralelo
quiso ir a un sex shop
hacer mi boca vegetariana
creó a un hombre atrevido
que le hiciera el humor
la empedernida romántica
se puso pétalos en los labios
deslizó el néctar por sus ojos
desnudó a un tímido
en un lecho temporal
todo lo creaba la mujer sin pudor
Me quiso hacer un hijo
en un restaurante atestado
suspiró el orgasmo de biblioteca
me robó un beso de despedida
y se impulsó a una azotea
donde le aguardaban
estrellas herrumbrosas
listas para limpiar

El perro del cerro
La niebla difumina a este perro de las alturas
desde sus ojos adormecidos contempla la ciudad
todas las esquinas las recorrió
desde que fue abandonado
por su necesidad de fuga
y dolor de collar
desde lo más alto del cerro
se siente el amo del hombre
a sus pies prendiendo luces
hogares con plato de comida
clandestinidad
el perro del cerro
intuye la cordillera
el otro lado
cierra los ojos
para observar

Cementerio 2 de Valpo
Por las lápidas se escurre la humedad del olvido
mausoleos erigidos contra océano
un hombre sella un nicho
respiro cuestas que me llevan
a no pensar más que en pasos
por el pavimento resbaladizo
no se escuchan los fantasmas
que vine a saludar

Hombre anegado
Un perro que baja
como suicidio del agua
Enrique Falcón
Es este reflejo en el suelo lluvioso
el que me ha mojado la mirada
presiento que en los charcos
se hacinan las lágrimas
derramadas por mi fuga
no cesa el temporal
todo se ha inundado
he subido a los cerros
para que el suicidio
se desborde
calle abajo
dobla la esquina cerrada
y un perro sediento
lame al paso
sin temor al arrastre
ni al derrumbamiento
somnoliento pero erguido
parece inmune
a mi presencia
mi aspecto
de hombre con paraguas
no le da más que sed
lo observo de reojo
y me dan ganas
de seguirlo
escurrirme el cuerpo
como haría él

Remolinos en el vientre
Esos senos que diste a tus hijos
ahora están en mi boca
lloraste por amantarme
como una niña caprichosa
haciéndome remolinos
en tu vientre
voy yendo a lo anterior
cuando fui concebido
por el hombre agotador
me acaricias la nuca
acercas mi frente
señalas el círculo
donde emerge
calostro
la sed
maternal
colmada
en mi fuente

Iquique
Iquique, un pequeño punto en la carta náutica,
latitud 20,12 grados Sur, longitud 79,09 West.
Un trozo de alma en el corazón del escribidor.
Juvenal Ayala
Iquique era un autobús nocturno
un paisaje lluvioso invisible
el final de un mapa trazado a pulso
una línea recta terminal
había un desierto que esperaba
yo era todos los desiertos a través
de ellos huía cuando di vuelta
a las dunas cambiantes de sus senos
pasos enterrados en la arena
se abrían los muslos como oasis
espejismos atroces
mientras regresaba
con espinas en la mano
acariciándome la entrepierna
para sembrar esta tierra
de sangre seminal
Iquique era un autobús nocturno
atropellando a un lobo
encelado en el desgarro
vísceras de la oscuridad

La desolación
Un viajero avanza por la desolación
Le han explicado que es así el camino en el que debe encontrarse
Mira a ambos lados del paisaje y no ve nada más que vacío en su pecho
Es así, le dice el chófer que hace el trayecto ida y vuelta una y mil veces
Entonces para qué seguir, le pregunta el hombre sin ojos
Y no tiene respuesta
Empieza a llover

Nostalgia de las aceras
A León, quiltro subversivo
Carabineros
cargan contra estudiantes
apuntan con la tanqueta
un quiltro
sale de su letargo
toma posición
el zorrillo lo atropella
los jóvenes increpan
los uniformes rematan
y sonríen satisfechos
Se llamaba León
dormía con los mendigos
de la avenida Portugal
le hice una foto
una mañana de lluvia
abrigado con un saco de dormir
en el centro de salud
compartían comida con él
había un hombre de barbas blancas
con zapatillas impecables
en un castillo de cartón
tal vez se daban calor
pero hoy no
tuvieron nostalgia
de los cadáveres
en las aceras
encontraron
rival
* León murió durante una carga policial el 3 de julio de 2008 contra estudiantes que protestaban contra la ley General de Educación (LGE)
*zorrillo: tanqueta de los carabineros

Ventisca en los ojos
Se me han metido la montaña en los ojos
En la cumbre se adivina un perro
ha empezado a escarbar en la nieve
entierra unas manos para el invierno
Se le ve digno a esa altura
Desafía a las ventiscas
Y se tumba a esperar
que nada suceda
Así es el sueño de los invisibles
ocultos en la cordillera
que ya no existe

Vertigosismos
Han sido las lenguas
las que han calmado las heridas
del abandono interior
de mi propio destierro
las bocas próximas
a mis labios espinos
que se hacían sangre
al morder la piel extendida
es fácil tener mirada perruna
y acabar en brazos de mujer
como un niño reflejado
en sus pechos lactantes
los atraje al paladar
pezones como fuentes
tenía el instinto
de tragármelos
gimieron en silencio
y me recorrieron
vertigosismos
desde la frente
hasta las uñas de los dedos
me papilarizaron
dulcemente
a cambio les regalé
la amargura de mi semen
y la sonrisa escondida
fértiles gargantas
de mujeres múltiples
deslenguadas
con los mismos ojos
de cicatriz
inextinguible